PALABRAS... Lic. Adriana Santagápita

  • Posted on: 23 March 2015
  • By: adriana
PALABRAS

Las palabras curan, enamoran, acarician, duelen, restauran, sancionan, pactan, re-pactan, desdicen, historizan, reubican, desorientan, encuentran, desencuentran, problematizan, resuelven, embellecen, transmiten, hieren, sanan, elevan, invitan, enlazan, des-lazan, desenlazan, interrumpen, bienvienen, despiden, envuelven, vuelven, alejan, armonizan, cuestionan, son “de honor”, se sostienen, se pierden, mienten, desmienten, arman, desarman, amarran, estructuran el inconciente, decretan, decodifican, guardan secretos, hacen marcas, dejan huellas, borran marcas, resuenan, orientan, anudan, desanudan, hace cuerpo, imponen, abren, cierran, ordenan, incomodan, reacomodan, alivianan, resisten, enseñan, abruman, silencian, someten, liberan, autorizan, censuran, cuentan, nos cuentan, contamos con ellas.

El silencio, abstenerse de decir es también un decir. Esta el enunciado y la enunciación, lo que se dice, lo que queda dicho, y el efecto. Lo que asienten o niegan cuando se decide el silencio como expresión de un querer decir, o como un tiempo sin sonidos para ser habitados y hablados por nuestro propio y profundo lenguaje interior.

Pueden abrumar y encerrar tornándose verdaderos “taladros” mentales cuando las ideas obsesivas no se acallan, y retumban una y otra vez tomándonos por horas eternas en un tiempo sin tiempo. Cuando el otro es para nosotros por momentos tan consistente que su voz queda tomando con su univocidad la cuestión. Y pueden aliviar cuando alguien en transferencia, nos ayuda a pensar y parar. O cuando nuestros propios recursos aparecen y nos prestan un basta y abren otra vuelta.

Mucho dicho sobre el poder de las palabras. Cada vez más líneas de pensamiento van en la dirección de ser concientes de que aquello que se dice tiene efectos para ambos lados, del que dice y se escucha diciendo, y del otro que escucha lo dicho, y a su vez todo lo que le pasa con eso en consonancia con el lenguaje. Tan es así, que a veces solo nos basta escucharnos decir, más allá de que el otro escuche.

El psicoanálisis cura por la palabra desde la nueva mirada de Sigmund Freud y sus búsquedas para aliviar los padecimientos. Lacan da otras vueltas y nombra al ser hablante constituído por un inconciente estructurado desde el lenguaje, en permanente construcción. Las culturas orientales, toltecas, mayas, aborígenes cada vez son más escuchadas respecto del poder de la lengua. Mantras y mensajes al cosmos, forman parte de una nueva mirada.

La literatura las embellece y se vale de ellas para contar. Siempre transmiten sensaciones, emociones, ideas, pensamientos, convicciones, convenciones. La decodificación cognitiva, la neurolingüística, el área de lo fonológico, con más o menos acuerdos entre los discursos que las sostienen, también remiten y des-cubren la importancia del lenguaje.

No es sin equivoco, por la equivocidad propia del lenguaje, y justamente porque implica estos dos lados. Lo dicho con la potencia de un acuerdo tiene entidad de acto. Hay que contar con el equívoco, lo que alguien dice, habla de sí mismo, y al hablar la lengua materna, la transmitida junto con los avatares de la historia en cruce con las búsquedas de sí mismo, transmiten lo más profundo del ser. Por eso, de lo que se dice a lo que otro escucha, a veces se construyen puentes, otras, murallas. Pero también es necesario contar con ciertos acuerdos y requiere de un arduo trabajo respecto de escucharse a uno mismo, y decidir escuchar al otro, sabiendo que lo dicho siempre tiene efectos, pero que a la vez recorre un enorme tramo desconocido, ya que puede caer y rozar heridas o lugares internos, con lo cual lo oído resuena desde lo más profundo o escondido sin saberlo del todo, de un modo singular.

Por otra parte, también es necesario ser concientes de que cuando alguien dice y otro oye esto tiene consecuencias de acuerdos, de palabra dada y tomada, y esto es lo que puede hacer la diferencia para que el desencuentro sea menor, minimizarlo todo lo posible.

Somos seres hablantes por excelencia, esto nos ubica en la especie con otras posibilidades, en otro lugar respecto del mundo. Y si un decir tiene la impronta de un acto, desdecir tiene consecuencias para ambos lados.

Las palabras son el medio de comunicación por excelencia, más allá de las culturas, los idiomas, los rasgos que portan aquello que se nombra. No todo decir implica que haya palabra. Por eso, para pensar en la categoría de la palabra pienso en cuando la palabra funciona como construcción y transmisión del inconciente. Hablar y decir no es lo mismo. Se puede hablar horas y no decir nada en un interminable bla bla bla. Se puede decir una frase y con esto, hablar de una posición, de los fantasmas inconcientes, de los grados de sujeción al otro, o de autorización respecto del autosostén psíquico. Aun con monosílabos, un Si y un NO, arman y desarman toda una escena.

Las palabras en la escritura, con los poemas, los cuentos, los pensamientos, los libros que las guardan, los recortes, las embellecidas con sonidos musicales, las de la transmisión de la historia, las actuadas en el teatro, las que nos identifican y resuenan, nos ubican en el mundo, en la cultura, en lo común y en lo singular.

De todas las palabras que existen, si puedo elegir me quedo con las que acerquen al amor, las amorosas que traen aromas y recuerdos, las que siguen anotando caricias con letras, para ir siendo cada vez más cercana a mí misma, y a quienes amo.

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