Fundamento pedagógico de la gestión del talento

No es lo mismo trabajar que estar ocupado

De la comprensión de la diferencia entre trabajar y estar ocupado depende que cada día de la semana transcurra en medio de satisfacciones o de insatisfacciones y quejas que se suscitan inevitablemente en el campo laboral. De allí que para algunos individuos trabajar es liberador y formativo, mientras que para otros es esclavizante en unos casos, humillante en otros o rutinario en la gran mayoría. 

Lo llamativo es que todos manifiestan que trabajan, cuando se les pregunta acerca de cómo transcurre la actividad del día. Pero no alcanzan a advertir la cuestión de fondo. Veamos: 

El trabajo constituye una suerte de juego adulto que ennoblece y alegra la vida humana y le permite al sujeto acceder a planos de mayor autonomía y libertad. Tal sensación incide favorablemente en un despertar creativo hacia nuevos proyectos. Esto lo puede hacer quien siente que trabaja con la plena conciencia de desplegar lo mejor de sí mismo en aquellas cosas que sabe y le gusta hacer en un ámbito que comprende y valora su capacidad y talento. En este caso, podríamos afirmar que quien trabaja de esta manera, lo hace en virtud de que despliega en la actividad que desarrolla su vocación más genuina.

Estar ocupados, por el contrario, implica un desgaste de energías, porque no agrada lo que hacemos o no nos sentimos capacitados ni motivados en lo que tenemos que realizar. El rutinario es quien padece una monotonía que lo lleva a la insatisfacción por lo que hace, dado que siente que su creatividad y talento se están desperdiciando a través del correr aburrido de todos los días. Por eso el rutinario, sea cual fuere su posición en la empresa u organización en que actúa, sea directivo, jefe o subordinado, siempre tendrá la sensación de que su lugar de trabajo es una cárcel mental que le impide ser autónomo y desplegar su vida con libertad, alegría y satisfacción.

Surge claramente que un objetivo pedagógico altamente orientador, consiste en generar condiciones tales que permitan a los niños y jóvenes ir conociendo sus capacidades, habilidades y talento a través de las actividades didácticas que desenvuelven en las aulas. Ello requiere el despliegue, por parte del docente, de una permanente creatividad y un estado de atención y observación de las múltiples manifestaciones de las conductas del grupo. De esta manera, el talento, a diferencia de las aulas "parasitarias" que lo desperdician al mantenerlo oculto, podrá expandirse para la propia evolución y el servicio a los demás.   

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