¿Funcionan las campañas de prevención de la violencia contra las mujeres?

  • Posted on: 5 June 2016
  • By: Maxi
¿Funcionan las campañas de prevención de la violencia contra las mujeres?

La violencia en las parejas es un fenómeno bien documentado en las décadas más recientes. Diversas investigaciones indican que la violencia que ocurre en las primeras relaciones de pareja ha pasado de representar un porcentaje marginal a sufrir un considerable crecimiento en los últimos tiempos. En muchos países, el interés por este tipo de violencia se ha visto representado en la creación de diversos cambios legislativos, así como en la creación de iniciativas de investigación sobre el tema.

Una de las acciones preventivas primarias consiste en educar a las nuevas generaciones en la igualdad de hombres y mujeres. El interés en cambiar estas actitudes (y los roles de género) se debe a la relación encontrada entre estas creencias y la tolerancia de la violencia hacia las mujeres, entre otros elementos. Estos programas preventivos, sin embargo, rara vez ven evaluada su efectividad. De hecho, ciertos estudios han llegado a indicar que la proporción de mujeres adultas víctimas de abusos que no se perciben como tal es mayor que el de aquellas que sí consideran víctimas de abuso, por lo que todavía queda mucho trabajo por realizar a nivel de prevención.

Es precisamente en este contexto que esta investigación plantea sus objetivos: por un lado, comparar los niveles de victimización de dos grupos de mujeres pertenecientes a dos generaciones distintas (con el fin de evaluar si hay cambios a lo largo del tiempo). Por otro lado, comparar la consistencia entre la experiencia de victimización y el uso de autoetiquetas como abuso, miedo o sentirse atrapado (con el fin de ver si las mujeres jóvenes son capaces de detectar agresiones).

Los resultados de la investigación mostraron diversas tendencias. En primer lugar, que aquella generación más joven (evaluadas entre 2011 y 2013) puntuaba en todos los tipos de victimización relativamente más alto que la generación más adulta (evaluada entre 2003 y 2005), salvo en abuso de género y castigo emocional. Sabiendo esto, se realizó un contraste para saber hasta qué punto cada grupo toleraba (o soportaba las molestias) de todos los tipos de agresión. Lo que se encontró fue que las mujeres más jóvenes mostraban una mayor tolerancia a todas las conductas agresivas. En lo que respecta a las etiquetas, tan solo se encontró que un cuarto de la muestra decía sentirse atrapada en la relación y/o haber tenido miedo, pero no hablaban de maltrato.

Tomados en conjunto, estos resultados indicaron que, en contra de los datos obtenidos en el Instituto de la Mujer (2006, 2012), no hay una tendencia descendente de la victimización, sino que hay una menor tendencia a mostrar molestias por este tipo de conductas. Por tanto, no se demuestra una mejora esperable tras la implementación de las campañas de prevención. Finalmente, los resultados también indican que las mujeres, a pesar de identificar en sus relaciones signos de abuso (como el miedo o el sentirse atrapadas), en muchas ocasiones no se consideran maltratadas, lo cual representa también un fracaso en lo que a políticas de prevención y concienciación se refiere. Todo esto sugiere que, como citábamos al principio, es necesario replantear las estrategias preventivas y reformular aquellas políticas destinadas a disminuir la violencia contra la mujer.

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