El Papa Francisco cuestionado en su propia casa

  • Posted on: 14 October 2015
  • By: javier
El Papa Francisco cuestionado en su propia casa

Parecería ser que el Papa Francisco es un generador de cambios que a muchos les resulta difícil de aceptar y comprender. Sea por discrepancias de fondo o por cuestiones meramente formales y de tradición, posiblemente muchos prelados y funcionarios vaticanos han sentido el rigor implacable de la auto-censura moral con solo llevar a cabo un simple cotejo con el modo de vida sencillo y austero del Papa. 

En estos días, a raíz del Sínodo de la Familia, estas cuestiones están adquiriendo un volumen que guarda una relación directa con la inflexibilidad de quienes darían la impresión de hablar y opinar en nombre de la verdad, pero rodeados quizás de una opulencia reñida con la simplicidad de la misma.

En tal contexto, podemos observar las paradojas de un Papa que, queriendo unir a la familia cristiana y acercar a todos los pecadores a la experiencia del culto católico, se encuentra en su propia casa con un cuestionamiento selectivo de 13 prelados que no concuerdan con las formas de apertura y el estilo de Francisco.

En tal sentido, la posibilidad de plantear cuestiones pastorales relacionadas con los divorciados en el Sínodo de la Familia, pone en evidencia que las verdades de fondo pueden verse opacadas y oscurecidas por cuestiones formales y de mera tradición. Pero, como sucede en estas cuestiones, cada uno, sintiendo quizás de buena fe su cercanía a la verdad, no logre advertir el camino para llegar a ella.   

Quizás producto de la rigidez de pensamiento para establecer el sentido de las verdades que se quieren inculcar, lo cierto es que, frente a lo que en su momento la Iglesia Católica condenó acerca del status de los divorciados, hoy arremeten ciertos modelos mentales que conspiran contra toda posibilidad de apertura y flexibilidad.

Esto nos conduce a una cuestión que no permanece ajena en el recinto mental de quienes sostienen las verdades que dicen profesar más bien por razones de poder que de elevación espiritual. Quizás sea esto producto de la falta de ejercicio de un pensamiento libre y autónomo apoyado en la íntima convicción. Quizás también sea el estigma de una fe ciega sostenida por costumbres y formas que no hacen a la verdad y a la validez práctica de la misma.       

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