Ociología: El arte y la ciencia de no hacer nada

  • Posted on: 17 April 2015
  • By: Luciano
Por qué el mundo sería mejor si fuésemos más vagos

Para los filósofos griegos, el ocio era el supremo ejercicio de la libertad y el trabajo, algo aborrecible. Hoy no se podría pensar de esta forma, ya que mucha gente no solo cumple con sus horas laborales, sino que también cumple con actividades extralaborales, domesticas, obligaciones familiares, sumado a las horas ocupadas con el celular.

Ya hace miles de años el budismo advertía que para acceder a la verdadera naturaleza de la realidad y al bienestar, hay que ir más allá de las acciones, de los conceptos y del lenguaje.

Desde el punto de vista neurológico, el cerebro es una maravilla compleja que siempre está activa. Pero no por eso hay que recargarla.

El córtex prefrontal, que permite acceder al inconsciente, a la creatividad y a las emociones, se activa justamente cuando no hacemos nada. Por esta razón, se cree que “el ocio” potencia nuestras habilidades, nos ayuda a conocernos y a sentirnos en paz.

No hacer nada, dejar de pensar, dejar de hacer, es, en definitiva, la acción más difícil.

Uno de los grandes problemas del ser humano de esta época es la necesidad de estar permanentemente ocupado.

El ocio es el enemigo, algo que nos detiene en la conquista de nuestros objetivos y que puede acabar con nuestro bienestar material.

Pero el esfuerzo continuo no nos hace más felices, ni siquiera nos permite conseguir mejores resultados. Simplemente, acaba con nuestra creatividad, con nuestra felicidad y nuestra humanidad.

Evolutivamente, el hombre necesitaba del ocio para recuperarse después de haber cazado y/o escapado de los depredadores. Con la evolución tecnológica se suponía que le permitiría tener más tiempo libre; de hecho, Marx y Bakunin pensaban que las máquinas liberarían a los pobres de ser esclavos.

Pero con la revolución industrial y tecnológica, el tiempo se ha convertido en el bien más preciado. Y por contraste, el ocioso, es visto como algo sumamente negativo.

La triste realidad es que, por más que la tecnología avance, el hombre no trabaja menos, hasta se podría asegurar que ha provocado una mayor exposición a las obligaciones (horas frente a la PC chequeando mails, la dependencia al celular, etc., etc.) sumado a los diversos compromisos familiares y sociales. Con todo esto el individuo no tiene un momento para “no pensar en nada”.

La agitación moderna ha hecho desaparecer la capacidad de estar ocioso.

Las epifanías artísticas y científicas, emocionales o sociales sólo se producen en esos raros momentos en los que dejamos vagar libremente el pensamiento. Ya que en el momento en que no hacemos nada, el cerebro establece una amplia e inmensa red que empieza a enviar y recibir información entre diferentes regiones.

Por esto el ser humano corre el riesgo y entra en problemas relacionados con el estrés, la angustia y el vacío, por estar perdiendo las cualidades que lo diferencia del animal. Es necesario que como especie recupere la capacidad de autorreflexión y de conciencia sobre uno mismo. Porque nos estamos convirtiendo en una mezcla entre animales y maquinas. En cuanto animales, solo somos capaces de reaccionar a los estímulos de nuestro entorno, en cuanto a  máquinas, obedecemos constantemente órdenes externas. Esta mezcla genera la nueva tendencia a realizar diversas actividades al mismo tiempo (multitarea) lo cual provoca que no hagamos bien ninguno de ellas y perdamos nuestra capacidad de concentración.

Si los horarios sobresaturados nos genera estrés cotidiano y acaban con nuestra inspiración, seria momento de ir redefiniendo a “el ocio” como un espacio para poder hacer no sólo cosas placenteras y enriquecedoras para nuestra vida personal, sino también para la creatividad, la productividad e inclusive para la salud y confort material.

 

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