Los Efectos negativos de los halagos

  • Posted on: 19 October 2015
  • By: Cognitio
Cómo no ser víctima de los halagos

Cuando se halaga a una persona, se piensa que se le está brindando afecto y una muestra de admiración a través del elogio y la aprobación respecto de su forma de ser o de actuar. De allí los aplausos, las alabanzas, las felicitaciones, los regalos, los cumplidos y las muestras de cortesía.

Recibir un halago en realidad constituye un verdadero placer, es una suerte de “miel que endulza” nuestro ánimo, en contraposición con las ácidas respuestas de desaprobación, crítica o censura que muchas veces recibimos de quienes pensamos nos envidian o compiten con nosotros.

Cuando el halago se realiza de manera consciente, sincera y está basado en las cualidades de quien lo recibe con modestia, se convierte en algo grato que lo lleva a experimentar un mayor estímulo y entusiasmo, al punto de promover en él nuevas motivaciones e impulsos para seguir mejorando.

Pero quienes no han logrado un nivel de modestia y de dominio personal, cualquier halago les hace creer lo que no son, sobre todo cuando se convierte en un juego de simulaciones entre quienes brindan halagos interesados y quienes aparentan ser más de lo que son.

De esto último surge el perjuicio de los halagos, pues tanto quienes los brindan como quienes los reciben podrían caer en una red de fantasías, al entrar en juego la obsecuencia del halago fácil y la soberbia y vanidad de quien habiendo podido lograr cierto éxito o acierto en su comportamiento, terminó cayendo en las garras melosas del “empalagamiento azucarado” de los halagos y elogios.

De allí que podríamos decir que los halagos se comportan como verdaderos “sensores” de la psicología humana, ya que ponen de manifiesto las actitudes interesadas, la obsecuencia y la debilidad de quienes los brindan y la soberbia y vanidad de quienes los reciben convencidos de ser y ostentar cualidades muchas veces inexistentes.

Por otra parte, podría darse el caso de que quien recibe honores y aplausos, los reciba por cualidades y atributos que realmente posee y que ostenta por su esfuerzo, constancia y anhelo de lograr un resultado exitoso. Pero si tales halagos activan su soberbia y potencian su vanidad, el sujeto podría ser víctima de la ilusión y de la creencia de ser el mejor.

A diferencia de la persona modesta que se esfuerza en ser cada vez mejor, el soberbio y vanidoso inmoviliza y detiene el proceso de la propia superación, conduciéndolo a una suerte de estancamiento provocado por la falta de sensatez para recibir con equilibrio los halagos que le brindan los demás.

Esto podría conducir a muchos egoístas, e incluso envidiosos, a utilizar el halago como herramienta y arma infalible para conducir al fracaso y al estancamiento a quienes neciamente creen ser más de lo que son y presumen valer más de lo que efectivamente valen al calor de esos halagos fáciles y pasajeros.

seccion: