Cómo hacerle frente a las personas tóxicas

  • Posted on: 23 August 2015
  • By: Cognitio
Cómo hacerle frente a las personas tóxicas

Cómo convivir con manipuladores tóxicos sin afectar nuestro ánimo 

La vida cotidiana de los seres humanos transcurre en un constante fluir de experiencias alegres y tristes, en contacto con personas de variadas modalidades, actitudes y comportamientos, tanto positivos como negativos. De hecho, se produce un intercambio entre las mentes de quienes se relacionan y vinculan según sus características y afinidades y ello da lugar a la vivencia sucesiva de momentos gratos, ingratos, alegres o molestos.

Permanentemente tomamos contacto con amigos optimistas, alegres, constructivos y que saben responder a los desafíos del futuro e, inversamente, nos vinculamos con gente pesimista y malhumorada, muchas de ellas tóxicas y contaminantes, que nos hacen sentir mal o incómodos. En este escenario, cada día transcurre en medio de gente que nos llenan de estímulos y de gente que nos quitan alegría y motivación. Es así como sufrimos frustraciones al final del día, al comprobar que nos hemos dejado llevar por personas contaminantes que han invadido nuestro espacio interior al punto de sentirnos alterados por un problema ajeno.

Esto parece ser una situación inevitable, producto de la diversidad y la modalidad de cada uno. Así, observamos a ciertos individuos débiles que, por ser  influenciables, son dominados por manipuladores y neuróticos que intentan sustituir y compensar el vacío que padecen a través de críticas, agresiones y humillaciones que terminan por alterar el estado anímico de quienes se encontraban emocionalmente serenos.

Por una cuestión didáctica, prestaremos especial atención a aquellas personas que nos estarían afectando con esas modalidades negativas y que viven succionando las energías de quienes se encuentran a su alrededor. En realidad, son víctimas de sus propias deficiencias y de la inconciencia acerca de lo que realmente son y de cómo su toxicidad afecta a los demás.

Sin que tengamos que alejarnos de los individuos tóxicos, podríamos aprender a detectar el momento en que puedan invadir nuestra intimidad y afectarnos o debilitarnos. Como primera medida preventiva, lo importante es aprender a identificarlos. En este sentido, podríamos describir una gama de deficiencias, caracteres y modalidades negativas que se presentan a través del comportamiento insalubre de quienes diariamente comparten nuestro trabajo, nuestra vida social, los vínculos familiares y la vida de relación en general:

  • Quienes viven echando culpas y responsabilizando de todo su mal a los que se encuentran cerca, no asumen su propia responsabilidad ante lo que les ocurre y transmiten o asocian a otros sus propios problemas.
  • Quienes provocan molestias y malestar porque han aprendido a hacer de la queja permanente el centro de atención y de relación, atribuyendo a los demás o a las circunstancias externas la causa de lo que padecen.
  • Quienes viven succionando y utilizando desde su egoísmo y egocentrismo el tiempo, los bienes y el prestigio de los demás para su propio provecho y conveniencia.
  • Quienes viven una vida pasiva y alienada, al punto de pretender invadir la vida de quienes les rodean apelando a la crítica destructiva y a la falta de reconocimiento.
  • Quienes por envidia y resentimiento no mantienen vínculos positivos y transmiten su frustración y agresividad en cualquier oportunidad que les permita descargar su energía negativa.
  • Quienes no saben integrarse a un equipo de trabajo y tratan de subestimar a los compañeros y colegas con gestos destructivos y contaminantes.
  • Quienes desconfían permanentemente y sospechan de los propios amigos, sin soportar el éxito ajeno.
  • Quienes humillan, agreden y faltan el respeto sin fundamento alguno, haciendo de la amenaza y el ridículo las armas descalificatorias por excelencia.

Debemos tener en cuenta que tanto los individuos con equilibrio emocional y entereza moral como quienes se manifiestan de manera opuesta, conforman el universo de nuestra convivencia habitual. En tal sentido, aún estos últimos están cumpliendo una función ante la cual no podemos eludirlos. Y sería poco sensato que, por una razón de comodidad y bienestar, busquemos estar con los primeros y huir de los segundos.

No sería lógico, en tal caso, dejar de concurrir al trabajo por tener un jefe manipulador e intolerante o dejar de pertenecer al grupo de un compañero envidioso y competitivo. De allí que muchos piensan con evidente y errónea resignación que no queda más remedio que sufrir las humillaciones e incomodidades del caso.

Lo primero que surge ante este cuadro, es el alejamiento y el corte de los vínculos. Esto podrá ser necesario según la gravedad de los casos y de las situaciones contaminantes que se vivan. De todos modos, hay un principio de la medicina que podríamos aplicar en este campo: la salud no consiste en la ausencia de virus y bacterias, sino en la fortaleza del propio organismo para resistirlas sin quedar afectado por ellas. 

El antídoto para no ser afectados por quienes buscan consumir la energía del prójimo, como es el caso de los envidiosos, egoístas o intolerantes, consiste en afianzar nuevos valores dentro de nosotros y lograr el fortalecimiento necesario para enfrentar con entereza las amenazas provenientes de las personas hostiles, tóxicas o desubicadas.

Reiteramos que esta situación es inevitable y por ello habrá que aprender a hacerle frente sin que se vea afectada nuestra dignidad, integridad e imagen personal. Ceder ante quien siente el beneplácito de la humillación ajena no resulta saludable en ningún sentido, ya que tanto la mente como la sensibilidad se ven oscurecidas ante situaciones que resultan insalubres y perniciosas.

Por eso, resulta insoslayable generar nuevos aprendizajes y adquirir capacidades y aptitudes que permitan neutralizar y hacer frente a las personas que constantemente pretenden consumir la energía ajena para debilitar y afectar la dignidad personal y el uso del propio tiempo. 

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