ACEPTAR LA ESPIRITUALIDAD EN EL DESARROLLO PERSONAL

ACEPTAR LA ESPIRITUALIDAD EN EL DESARROLLO PERSONAL

 

 

En mi opinión, y es una opinión generalizada, persona y espiritualidad son indisolubles.

 

El espíritu es, entre otras cosas y según dice el diccionario: “Ser inmaterial y dotado de razón” y también es “Alma racional”.

 

Hay personas que esto lo tienen muy claro, que la fe les permite verlo con claridad y sin resquicios, o que un convencimiento profundo fruto de unas experiencias innegables les permite afirmarlo sin dudas.

 

Para otros, en ocasiones, es ese creer “tenerlo claro”, precisamente, lo que les impide verlo con claridad realmente, porque confunden una opinión ajena con una creencia propia, o porque entienden la espiritualidad como algo que no se puede discutir porque sería un atentado a las creencias que le inculcaron o impusieron.

 

Ahora puedo afirmar, desde mi propio escepticismo, desde la suspicacia de una persona a la que le cuesta mucho creer en lo que no puede verificar y casi tocar, desde una mente que cuestiona sus propios pensamientos, que la espiritualidad está ahí y forma parte del conjunto al que llamamos Persona, en el que se aúnan, además, un cuerpo físico, una mente, unas emociones y unos sentimientos.

 

Ahí está la espiritualidad, a la que otros prefieren llamar religiosidad, o alma, o divinidad, o esencia y principio, o Ser, que el nombre es lo menos importante porque todas esas formas de llamarlo se refieren a lo mismo: a la sensación o a la seguridad en la existencia de algo que nos trasciende como cuerpo físico de vida limitada, algo que viene de más atrás o que está por encima de lo que es solamente el cuerpo.

 

Este escéptico que escribe –ahora a punto de ser ex-escéptico- permite –o ha permitido- que su mente rechace como cierto aquello que de momento es sólo una intuición de que nos compone algo que puede ser simplemente “la bondad” –por ejemplo-, como una cualidad más del Ser Humano, pero que al mismo tiempo puede comprender que esa cualidad de “la bondad” es algo que pertenece más a un plano superior al que es simplemente humano -en cuanto a cuerpo físico que finalizará su existencia-, y por eso este escéptico se permite aceptar que hay una parte divina en el Ser Humano, con virtudes como la piedad, la misericordia, la empatía, la caridad, la indulgencia, la benevolencia, la magnanimidad, el altruismo…porque aunque sabemos que los propios animales hacen alguna de estas cosas de un modo instintivo –porque suponemos que ellos ni tienen alma ni divinidad- en cambio, al mismo tiempo, nos arrogamos esas cualidades como algo que nos separa de la pura animalidad de nuestro cuerpo.

 

Cuerpo y alma. Cuerpo y divinidad.

 

Pues sí. Hay algo más. Y ahora me cuesta más estar de parte de Santo Tomás y decir al unísono: “Si no lo veo, no lo creo”.

 

Hay que aceptar la espiritualidad, que tenemos entre nuestros componentes una parte que se podría denominar divina, o que, yendo un poco más allá, como los más atrevidos o los más sabios o los más visionarios, podríamos decir que es un poco de Dios o un Dios completo lo que también nos habita.

 

La verdadera humildad no es solamente aceptar las propias limitaciones y debilidades. También hay que ser humilde, y mucho, para aceptar que uno es más de lo que aparenta ser, porque es en parte divino, o porque es morada de Dios, o porque en este cuerpo y esta mente se han reunido –tal vez mágicamente- la trascendencia de la espiritualidad con la finitud del cuerpo humano, y junto con ellos la capacidad de darse cuenta de lo que eso es y representa, y la posibilidad de obrar en consecuencia.

 

El Desarrollo Personal conlleva, inevitablemente, el Desarrollo Espiritual.

 

Te dejo con tus reflexiones…

 

 

Francisco de Sales

 

“Oír o leer sin reflexionar es una tarea inútil”. (Confucio)

 

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