¿De dónde proviene la corrupción?

  • Posted on: 13 August 2014
  • By: Cognitio

La corrupción se origina en la incoherencia interna del sujeto 

Si bien la mayoría de las personas desaprueba y rechaza con decidida convicción cualquier indicio de corrupción, son muy pocos los que pueden vislumbrar por qué y cómo se origina. Todo comportamiento corrupto tiene una suerte de "sede central" en el interior del propio corrupto. Esto es importante tenerlo en cuenta, ya que muchas veces se atribuye a factores externos la causa de la corrupción. Por eso, generalmente se cree que la presencia o ausencia de control determina que la corrupción esté ausente o presente según el caso. 

Esto no es así, pues el control es un elemento externo que, si bien cumple una función de regulación por vía de premios y castigos, ello no dispensa al corrupto la condición de tal. Si bien la conducta externa del corrupto está regulada por el sistema de control imperante, la matriz del pensamiento corrupto queda intacta. Aunque varíen las circunstancias por el control, la disposición mental del sujeto corrupto no logra su reversión.

Cuando un individuo pone al descubierto su incoherencia, manifiesta una fisura o doblez que se pone en evidencia en comportamientos que no guardan cohesión con su modo de ser y de pensar. En esta matriz cognitiva precaria nace y se gesta la corrupción, cuyo impacto y envergadura irán adquiriendo distintos matices, grados y niveles de gravedad según los intereses e intenciones del corrupto.  

En términos éticos, la corrupción es una escisión que oculta el verdadero modo de pensar, tal como se evidencia en los casos de simulación en el obrar y en el decir, presentando el disfraz de una conducta que, si bien busca la aprobación social, en realidad el propio sujeto queda inmerso en variadas formas de apariencia e hipocresía

Como se podrá observar, el proceso que desencadena la corrupción nace en la propia mente del sujeto, conduciéndolo a una permanente oscilación entre la ética de la conveniencia y la ética del temor. En tal sentido, la conducta ética no se regirá por el principio de la íntima convicción, sino por cuestiones relacionadas con los intereses y deficiencias del sujeto.

De allí que para salir de la cultura de la corrupción habrá que promover valores orientados, fundamentalmente, a la coherencia interna del sujeto, educando su mente, su sensibilidad y enriqueciendo su conciencia moral

 

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